Hoy por hoy, y a la velocidad con que avanza la tecnología y la digitalización, la protección de los datos personales es primordial. Nadie, al menos intuitivamente, quiere que su información personal circule o sea objeto de transacciones económicas. Sin embargo, ello ocurre a cada momento. Así, y en cierto modo, permanecemos vulnerables frente a las grandes compañías que procesan nuestra información personal, sin que sepamos muy bien qué es lo que ocurre con ella. A veces ni siquiera se trata de grandes empresas, sino de entidades más pequeñas que recopilan datos sin que sepamos para qué. Tenemos tan asumido que es parte de la modernidad, que le restamos importancia.
Asegurar que nuestra información estará protegida, es necesario desde el punto de vista del respeto del derecho fundamental a la privacidad y a la protección de nuestros datos o antecedentes personales. Cuánto gano, cuál es mi estatura, qué medicamentos consumo, cuáles son mis desplazamientos cotidianos, debiera ser sólo un asunto mío. Sin embargo, ello ya no es así, y parecemos no advertirlo adecuadamente.
La vulneración de nuestra privacidad vía tratamiento de nuestros datos, puede resultar ser algo mucho más sutil que vulneraciones a otras garantías, y probablemente por eso es que nos hallamos mas disponibles a simplemente entregar nuestra información cuando nos la solicitan. No nos importa mucho qué ocurre después con ella. No queremos hacer problema, o ver el rostro un tanto descolocado de la persona en la caja al momento de pagar, si decimos que no queremos dar nuestro número de carnet de identidad. Se nos solicita la huella digital para procedimientos bancarios o en algunos servicios públicos; se capta nuestra imagen por cámaras de seguridad; muchos de nuestros celulares requieren reconocimiento facial para su utilización, y en los lugares de trabajo se utilizan datos biométricos para el registro de asistencia. ¿Dónde va a parar toda aquella información? ¿Es razonable que se almacene mi huella digital en alguna empresa o servicio, por ejemplo, por un tiempo indeterminado? ¿es deseable que alguien que yo no conozco, sepa, a través de algún dispositivo, cuáles son mis desplazamientos diarios, donde vivo o trabajo? Hasta para recibir una encomienda ,ya no basta con que uno tenga que dar su número de identificación para recibirla, sino que además se toma una fotografía que de cuenta del domicilio, y a veces de uno mismo recibiendo el encargo, con cara de felicidad (supongo).
Como puede apreciarse, la captura de datos personales está en todas partes. Su mal uso, puede llevar a que se nos prejuzgue o discrimine, de manera favorable o desfavorable.
En Chile, existe la ley denominada – hasta ahora – «Sobre Protección de la Vida Privada» (Ley N° 19.628), vigente desde 1999. Se comprenderá que ha quedado desfasada por mucho. es así como se publicó la ley 21.719 que moderniza, creando un régimen integral de protección de datos personales, a la ya antigua ley de protección de la vida privada, entrando en plena vigencia esta modernización para diciembre del 2026.
Sin embargo, más allá de la ley, también es necesario tomar conciencia del valor de nuestra información, que abarca prácticamente todo lo que hacemos en la era digital. Muchos usuarios en Chile aún no comprenden el valor de sus datos ni los riesgos de compartirlos sin precaución. La educación digital es clave, como clave será también que las empresas y servicios públicos se preocupen de respetar las normas que se vayan dictando. Así, cuando entreguemos nuestra información, podamos confiar en su adecuado uso y en nuestra propia protección, sea relación cliente y empresa, o ciudadano y Estado.

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